smile whenever i watch you i said i love the way that you smile

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“¡1993! ¿Y dónde estaba yo?”, me dijo un amigo, sobrecogido por el sonido de Slowdive, mientras revisaba la contraportada del disco que yo acababa de hacerle escuchar. “¿y dónde estaba?”, volvía a preguntarse. bueno pues, hermano, tengo que decirte que por esa época la mayoría de bandas que podíamos reconocer en nuestro panorama musical eran las que pertenecían al reinado del grunge. y lo que nos vendía la tele y la radio era Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden, etc. de esta manera, la música que hacían las bandas al otro lado de la ribera (las que encontrabas cruzando el Atlántico, a unos kilómetros más a la derecha de Miami) no tenían tanta acogida, al menos no en nuestra pálida Lima. es así que yo también he escuchado bandas como Slowdive, Ride o Medicine muchos años después de sus inicios, luego de haberse desintegrado, osea cuando ya fueron. pero ahora quedo impresionado por esos hermosos discos que crearon. es otro lenguaje. las texturas de esas canciones vienen, van, nunca acaban. sus sonidos se reproducen, multiplican y desdoblan de una manera enajenada y, digamos, hasta sensual. para ser sincero, en general, la música que se hizo en Inglaterra, durante los fines de los 80’s y principios de los 90’s nos hace ver que las emociones en el rock son algo más que aplastar un pedal y meterle un grito o romper una guitarra. la propuesta de esas bandas inglesas era una continua y arriesgada exploración sonora. ruidos avasalladores o pasajes lentos, aunque encantadoramente descontrolados. la prensa británica de ese momento agrupó a tales bandas con el nombre de “shoegazers”. ¿razón? estos músicos, durante sus conciertos, mantenían la mirada fija sobre el piso. posiblemente debido a la gran concentración que tenían sobre la cantidad de pedales y  efectos que usaban para producir sus sonidos. parecía que la música de guitarras había muerto en su sentido convencional, o mejor dicho que las cuerdas se estaban empujando hacia otro lado, reinventándose de una manera ilimitada (y si quieres comprobarlo, escucha, por ejemplo, cómo usa la guitarra Scott Cortez de Lovesliescrushing, ¡todo un extremo!). ¿pero a quién debemos el inicio de este género del shoegazing? sin lugar a dudas a My Bloody Valentine. el líder y compositor de esta entrañable banda, Kevin Shields, tuvo la idea de agregar la maquinaria del estudio de grabación como una herramienta más para la composición musical. sus inquietudes sonoras fueron avanzando y luego de un par de años de carrera, demostró que era posible “emplear” lo ruidoso para componer temas. propuesta que los diferencia de Velvet Underground o The Jesus and Mary Chain, ya que esta última banda tuvo la intención de “esparcir” ruido a sus canciones (y sin lugar a dudas fue un añadido deliciosamente genial). es así que el shoegaze es un camino poco silencioso, nada tímido; pero que a su vez también recoge la influencia etérea y calmada de los Cocteau Twins, aunque hacia una proyección más alterada de aquel dream pop. y es así también que un buen día de 1989 en Reading, Inglaterra, cinco muchachos formaron Slowdive. dice la famosa anécdota que Neil Halstead y Rachel Goswell colocaron un afiche para buscar una señorita que quiera tocar la guitarra. mas a ese aviso únicamente se presentó Christian Savill, y les dijo, muy entusiasta, que si era necesario se pondría un vestido. completaron la banda Nick Chaplin y Adrian Sell, aunque luego entró otro baterista. así todos juntos, compartiendo sus inquietudes, empezaron a tocar, a crear. los primeros años de esa naciente escena shoegazer también estuvo marcado por un hecho curioso, y era que las bandas se escuchaban entre ellas mismas. es por ello que este movimiento también se conoció como la escena que se celebraba a sí misma. hace poco leía que Ride en su primera gira norteamerican tocó en una ocasión ante apenas 70 personas; sin embargo, en Japón se agotaron sus entradas en un instante. (tal vez esto se deba a la predisposición que tenga uno ante la música). pero sin importar mucho el marketing los grandes discos irían apareciendo. uno de ellos es sin duda el Souvlaki de Slowdive. disco hipnótico. los miembros de la banda le pidieron a Brian Eno que los ayudara a producirlo; sin embargo el pelado desistió, pero se siente su presencia en teclados, además de añadir su feeling a la composición de uno de los temas: “Sing”. en esta canción las notas reberveran por un paisaje hermosamente melancólico. “alison” es tal vez el tema más letal, pues te aseguro que no lo podrás olvidar, quedando atrapado, estimado oyente, entre los vaivenes susurrantes de la voz de Halstead. “machine Gun” posee también un celestial inicio que se mantiene sobre un ritmo sereno. todas las canciones tienen esa capacidad de crearte imágenes placenteras sobre acogedores ramalazos de sonidos. no es que la voz suene muy baja y no entiendas lo que diga. sino que la voz simplemente ha pasado a ser un instrumento más al servicio de la canción, de ahí su particular dimensión estética. la edición original del disco (Creation Records, 1993) terminaba con “Dagger”, una bella canción minimalista sostenida sobre un sentido rasgueo acústico. pero la edición gringa, la del 94, trae cuatro temas más, así que el placer se extiende para todos nosotros, so much better…                             

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